LA CIUDAD EN LAS METÁFORAS DEL NUEVO DÍA “ENSAYO”

          
“En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira tal como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira.  Pero la ciudad no cuenta su pasado,
lo contiene como las líneas de la mano, escrito en las esquinas de las calles,
en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos,
en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas…”
Ítalo Calvino 
 Las Ciudades Invisibles
Renacemos y morimos a cada minuto y en todos los sentidos; en los miedos, en las enfermedades, entre las guerras que nos arrebatan a los seres queridos y que minan nuestras emociones, en los proyectos políticos que emergen de las ideologías que han refundado una y otra vez su papel intentando no marchar al universo del olvido.
Como en una simbiosis el dibujo de los territorios que habitamos y lo que hemos erigido sobre él, nos habla de  la permanencia de nuestros ritos, de  la importancia de la memoria anidada a lo que nosotros hemos construido como recorridos propios y recorridos de los otros con los cuales  hemos ido inscribiendo las señales y los mitos que hablan de sueños y deseo pero también de las estrategias del orden del poder y la economía que modelan los recorridos de nuestra vida.
Desde el primer artículo venimos hablando de cómo vivimos en una tribu moldeable y manejada por un sistema, una maquina que diseña, condiciona, y manipula desde todos los espacios donde establecemos el recorrido de nuestra existencia tanto material como semántica, como los espacios de comunicación, de formación académica, de nuestras relaciones con el cuerpo y el erotismo, la sublimación de nuestras prácticas cotidianas o el aniquilamiento de las mismas por una repetición invariable de miedo y consumo y la anulación de la creatividad ha emergido de las lógicas de identidad que poco a poco el capitalismo ha venido  demarcando territorial y socioculturalmente.
La arquitectura urbana es en si misma un signo cultural cargado de metáforas comunicativas donde el poder, las interrelaciones humanas, las emociones y las sexualidades se conjugan imprimiéndose sobre ella y al mismo tiempo son el resultado de los proyectos técnicos y sociopolíticos que se entrecruzan con los objetivos económicos y las disposiciones técnicas-estructurales de la urbe con todos los márgenes que de este proyecto emergen. Y es por esto que al interesarnos en ella, surge la reflexión a las soluciones que el mismo sistema-capital  ha dado a generar un entorno que organizara las actividades de lo público, lo privado y los territorios que construyó para tal fin.
La ciudad moderna organizada y construida para la cohesión social en los principios del proyecto moderno definió el objetivo de establecer centros de producción industrial, al mismo tiempo que escuelas y centros de formación técnica que acompañarían la figura obrera integrada a la ciudad, eso generó uno de los rasgos de identidad fundamental en la caracterización y actuación social de los obreros- de los centros urbanos, con la caracterización que esta adquirió en cada lugar del mundo en su mezcla con las culturas precedentes al proyecto moderno y, en esto el desencadenamiento de una organización urbana relacionada con la organización de clases que le dio a las ciudades del mundo características arquitectónicas y espaciales concretas y, que inscribía a su paso los sistemas de represión y control así como los hechos y lugares desde donde se concentraban las resistencias.
Las interacciones de la sociedad moderna en las ciudades permitieron cada tanto, que los potenciales de lo social intervinieran y reaccionaran al control acelerado de la producción y al olvido progresivo de los proyectos humanos que pretendía promulgar. 
Sin embargo unida al nuevo proyecto mundial de homogenización productiva se vio  la nueva ciudad sobremoderna, los territorios nuevos, sin las huellas de un duro pasado de luchas que hicieron al capitalismo replantearse en todas sus aristas y sus nudos; aparece  la ciudad del tiempo productivo y del consumo como la realización de la señal totalizadora de los fundamentos del orden capital y de las actuaciones de su poder,  la metáfora del desencanto fue implantándose al ritmo de la fragmentación de la ciudad cohesionada, los espacios privados se han aceleradamente extendido y las posibilidades de interacción publica pasaron de actuar de manera física a generar de su huella el simulacro de su existencia, a través de los medios de comunicación, que se transformaron poco a poco en los únicos medios de interacción.
La ciudad se ha convertido en una huella, pero una huella sin referente de memoria, una huella legible que cada día nos dice menos, que nuestras prácticas cotidianas son un modo de ser, de habitar el mundo.
El eterno presente en que  muchos de nosotros permanece o por lo menos así lo pretende el simulacro de los actos despojado de su práctica y de su significado se enraíza a la contundencia de la miseria humana y material que se despliega ante nuestros ojos,  mientras  la transformación de nuestro espacio vital acelerado que sigue el guión de los circuitos de poder  es la forma de desterritorializar nuestras prácticas cotidianas, de arrebatar el centro significativo de nuestra vida quitando la posibilidad de incorporar los deseos y proyecciones vitales que están fuera del circuito del consumo. Reterritorializar nuestras prácticas cotidianas y hacer una toma contundente de los espacios colectivos vitales es dibujar otra vez la ciudad que somos, la arquitectura de nuestros encuentros y nuestros recorridos que de manera contundente actúe sobre nuestras identidades y sea resistencia a la homogenización que en los centros de consumo ha engullido la arquitectura urbana y sus posibilidades de sublimación de interrelaciones, emociones y deseos vitales.
 Juan Manuel Álvarez Romero© 2011 – Escritor y creativo multidisciplinar
                       Vanessa Torres Mayorga© 2011 – Antropóloga y escritora

Publicado por Juan Manuel Álvarez Romero

Juan Manuel Álvarez Romero (Sevilla 1965). Mané, puede pasar de una poética simbolista al caos más absoluto sin perder su esencia, su huella más profunda. Roberto Matta. A cerca de Juan Manuel Alvarez Romero, Mané .- Sevilla 1965 La originalidad de Mané ha sido, y es, en ocasiones, comparable a las expresiones inventivas de Marcel Duchamp y a la ingeniosidad presente en la obra de Roberto Matta, al ser capaz de adoptar una iconografía y el uso de unos materiales que rompen de una manera directa y por el manejo novedoso de materiales experimentales. A mediados de la década del 80, Mané reacciona contra el aspecto rígido y el exceso académico y rechaza la idea de trabajar con formas programadas. En compañía del colectivo Más-Gráfica comienza a explorar las nuevas posibilidades de la escultura, utilizando materiales blandos, debido a su flexibilidad y flacidez encuentra un concepto efímero y con ello nuevas posibilidades plásticas. En 1986 conoce a Roberto Matta, y también trabaja con el director de teatro y intelectual de conceptos escénicos Maikel Mezquel y lleva a cabo sus primeras esculturas móviles, un año después realiza esculturas de gran formato. La escultora le confiere a Mané, una capacidad de autotransformación que no está relacionada con la manera tradicional de manipular los materiales para obtener un objeto escultórico. La forma final y definitiva se convierte en una búsqueda de la antiforma, entendido como proceso que no contiene en sí mismo un cierre definitivo, previamente determinado por el escultor, sino que la naturaleza plástica y transformable de los propios materiales, irá alterando, mediante sus características estructurales, combinadas con el efecto del azar, el grado de modificación autónoma que habrá de sufrir el propio objeto escultórico. Es decir, el artista propiciará procesos de descomposición y recomposición de los materiales, inducidos por la naturaleza y la estructura -deformable y transformable- presente en los materiales mismos. Este interés en salvaguardar una dimensión, donde el cambio y la modificación de la forma se vuelvan en cierto sentido autónomas, la llevará a utilizar en su trabajo, materiales sumamente manejables manualmente, como la fibra de vidrio, la escayola engomada etc, y una gran variedad de elementos efímeros con los que logra expresar un nuevo sentido de la masa escultórica, a través de una valoración novedosa de la línea, la forma la textura y el color, que harán de su trabajo una expresión original y totalmente inédita. En la década de los noventa deja a un lado la escultura y se centra en la obra gráfica y pictórica, intercalando en ocasiones con la escultura, pero en este caso buscando la impronta del material para localizar figuras, rostros trabajándolos directamente sobre el material, escayola en su mayor parte, aunque también con materiales reciclados. Desde 2000 trabaja en el campo de la creación plástica como parte de un proceso crítico y reflexivo sobre el ser humano, desarrollando proyectos expositivos y visuales que ponen valor a la historia de las migraciones y el movimiento del ser humano por el mar y la tierra desde sus orígenes hasta nuestros días. bonart Mané (Juan Manuel Álvarez Romero), pintor, escultor, escritor y divulgador de la cultura tartésica, presenta On the air en la Galería Arte en Bruto, Corte Real, 3 de Girona, del 18 de marzo al 28 de abril de 2017. Como el mismo artista explica: “La ficción amable de las” otras figuras “se suceden en estos tiempos convulsos, en el que la catástrofe humana se ha vuelto más siniestra al hacerse aparentemente soportable, un contexto bien presente en las pinturas de “Mané” donde se adentran en una selva de visiones. La huella del tiempo y del dolor denunciable. Sentir el estremecimiento del mundo. El vértigo de la tierra húmeda. La intensidad del movimiento sacudido por el oleaje. La observación de la tierra firme desde un barco a la deriva. La belleza del azul como un gran refugio en su reproducción infinita. Figuras que construyen un hilo de comunicación y que se sostienen en el aire de un universo inestable dominado por los cuatro elementos “sublunar”, y que abandonan su estado para establecer un diálogo armónico y en ocasiones conflictivo donde conviven con multitud de cosas. Se trata de imaginar un nuevo tipo de figuras en movimiento sostenidas en el aire. Figuras desnudas a las que no les resulta sencillo escapar del color, la forma y la textura, señalando ritmos donde resultan imposibles y rompiéndose cuando parece necesario. Para “Mané”, el reto consiste en trasformar la realidad y conceptualizarla desde un ojo crítico. Ir desde el símbolo más sencillo y puro al complejo, convirtiéndolo en imagen los espacios infinitos creando una apertura libre a la imaginación. La vuelta a la realidad queda en un plano de percepción diferente. Es este prorcès de tráfico donde el color juega una parte fundamental de la transformación que está presente en todas las obras. Una visión ancestral del ser humano desde el negro del trazo “carbón extraído del fuego”. El rojo, “extraído de la sangre del sacrificio”, o el pigmento como “esencia de la roca”. Desde un punto de vista más místico podría interpretarse como la mirada innata del ser “en el aire” convertido y mutado en nuestra era. Cómo encontrar la magia tal y como la sentimos, incrédulos de lo que ocurre ante nuestros ojos y devolver a la visión inocente de un niño? Podríamos elevar los símbolos en el aire, removerlos con un pincel una y otra vez hasta llegar a lo que es: una huella o impronta de nosotros mismos. O bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y en otras ocasiones creados por el propio ser humano, por quien sabe, si el afán de reencontrar los primeros síntomas de su propio lenguaje. La primera imagen creada por el hombre en cuanto sólo poseía carbón y sangre para poder comunicarse para dejar constancia de su existencia y de su pensamiento en la tierra. ” O bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y en otras ocasiones creados por el propio ser humano, por quien sabe, si el afán de reencontrar los primeros síntomas de su propio lenguaje. La primera imagen creada por el hombre en cuanto sólo poseía carbón y sangre para poder comunicarse para dejar constancia de su existencia y de su pensamiento en la tierra. ” O bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y en otras ocasiones creados por el propio ser humano, por quien sabe, si el afán de reencontrar los primeros síntomas de su propio lenguaje. La primera imagen creada por el hombre en cuanto sólo poseía carbón y sangre para poder comunicarse para dejar constancia de su existencia y de su pensamiento en la tierra. ” Autor de artículos, dos novelas, El hijo de las costureras, Eco de una memoria y un poemario, Errante.

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