Sin titulo

Nos movemos en un entorno hecho a nuestra medida, después de generaciones y generaciones imponiendo un ritmo de vida que olvida de donde procedemos, la naturaleza. Hemos construido un mundo que cubre todas las necesidades. Pero hemos creado otras que requieren diferentes formas y que sin duda están ahogando ya, lo poco que queda del autentico ser humano.

Por: Juan Manuel Álvarez Romero*

El ser humano en su tendencia a pensar a muy corto plazo se ha ido desvinculando con el medio, en cubrir sus necesidades inmediatas, mientras ha ido creciendo como comunidad, como tribu. “Ha ido olvidándose de si mismo” somos parte de la naturaleza, de un organismo vivo que respira y evoluciona, o al menos antes de que llegáramos con más y más necesidades, coexistíamos.

Existen cientos de especies que conviven entre nosotros y que evolucionan a niveles menos agresivos que el nuestro y, sin duda de forma más organizada y que en su día aprendimos de la observación de éstas para evolucionar. Somos observadores, creativos y sofisticados artesanos. Tan solo teníamos que observar para buscar soluciones. Imitamos a la naturaleza en todos sus aspectos… pero hemos llegado a usarla de tal modo que nos quedaremos sin ella.

Sin duda era mejor cuando éramos tribus aisladas unas de otras y nos buscábamos la vida sin problemas, de una forma inteligente, sin molestar, sin destruir.
Me pregunto donde ha quedado aquel ser humano, aquel pensamiento sencillo, que solo tenía lo justo para estar en paz tanto consigo mismo como con los demás miembros de las demás comunidades, en el que cada individuo aportaba algo sin esperar nada a cambio, tan solo lo necesario para subsistir.

El resultado de todas las necesidades que se han ido creando es que no hemos parado de cometer errores en el campo de la planificación de los recursos, de los que dependemos. Por ellos hemos generado algo muy sencillo, guerras. Acudimos a lo más sencillo, la agresividad y, con ellas destruir lo que nos queda.

Destruimos el buen reparto de los recursos naturales por el hecho de haber generado antes fronteras que nos separen. Creadas ideas separatistas, creencias, ídolos, religiones, políticas. Y todo por tener la mejor parte de la tierra y las mejores reservas. “El que más reserva tiene es el que mejor sobrevivirá”. Individualmente lo hacemos así, como ser humano, el más fuerte es el que más posibilidades tiene de sobrevivir, mejor descendencia genética dejará. En fin… creo que hoy por hoy esta idea y tal como evoluciona la humanidad deberíamos cambiarla, porque solo está generando caos, miedo, hambre, destrucción, separaciones, tanto territoriales como socioculturales.

Actualmente somos el reflejo de un sistema que oculta, que borra, que oprime a través del miedo social. Esto por supuesto evita que miremos desde un punto de vista más optimista a un futuro y a un camino, a un sueño…un horizonte más definido.

De alguna forma debemos superar esto desde el compromiso, desde la idea de cambiar entre todos la forma de coexistir, convivir en colectivo y, desde luego no desde lo más próximo, nuestra pequeña comarca o país, sino desde un punto de vista global, más desde el conjunto de la humanidad que somos todos y, no pensar solo en la próxima generación.

Tenemos un conocimiento de nuestra procedencia, nuestra historia y por lo tanto de nuestros errores, de lo que estamos generando sobre el planeta y sobre el propio ser humano. Podemos dejar de destruir, porque sabemos lo que destruye y el como. Podemos aprender de lo malo, pues el mal también enseña…

Pero mientras el ser humano no se encuentre así mismo, no se mire desde fuera como en un espejo y piense en que el error es la consecuencia de si mismo, de sus hábitos sobre lo demás y, los demás, no podrá comenzar con un cambio a nivel global. Desde esa mirada, como humanidad no dividida del resto, la naturaleza, podría dirigirse a un horizonte definido y no indefinido como el actual.

En nosotros está el generar otras perspectivas, evitando que el sistema siga destruyendo, evitando ser el reflejo de este. Con nuestros actos y pensamientos propios podemos.

Nuestra consciencia es la única que tiene la capacidad de reaccionar, de reflexionar de buscarse…

Juan Manuel Álvarez Romero© 2011

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