Sobrevivir

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Me encuentro en las palabras que salen sin cesar, en forma de frases que ni yo entiendo, pero en su resultado final les encuentro el sentido, es como un auto análisis de pensamientos, un controlador que no cumple bien con su labor, pero que a su vez abre puertas, sensaciones, a veces, incluso abriéndose a la libertad.
Por: Juan Manuel Álvarez Romero .-
Creo que nunca logré controlar los pensamientos del todo, al menos de una forma que me deje respirar, sin recuerdos, sin sensaciones ¿Como no sentir, como no llorar, como dejar los sentimientos o el corazón a un lado y seguir sin pensar, simulando, o mirando a otro lado; sin dejar de hacerlo, sin conseguirlo del todo?
No encuentro las mismas palabras de hace tres días, ni un mes, ni un año… de olores, de sombras que me persiguen allí donde mire, camine, deambule. Aún de forma diferente a como suelo recordar; volviéndose al mismo instante en memoria.
Los edificios, las calles; las ventanas que se cierran cuando paso, las puertas que se abren cuando las dejo atrás y, percibir las miradas de quien sale de ellas para mirar. Como no sentir todas estas sensaciones y caminar sin intuirlas, percibirlas, sentirlas en su plenitud, su belleza. De alguna forma transito a diario por calles buscando un parecido, quizás a otras y, siempre me pregunto a cual de ellas debo retornar en la memoria, ¿de donde, que ciudad o, que barrio surge la sensación de haber estado antes en estas? —¡Pensando siempre, siempre pensando!— ¿Cómo se desconectan los pensamientos? ¿Como mantener el orden perfecto para no caer de nuevo en los sentimientos, las comparaciones, los recuerdos que un día fueron parte importante de la vida y que hoy solo son eso, recuerdos en forma de pensamientos abstractos?, ―en un sin sentido―. ¿Como encontrar el puente entre lo que debo pensar o lo que no, sin la necesidad de tener que pensar en ellos? Como compaginar los pasos sin tener que pensarlo, — es como cuando conduces, uno no va pensando en girar a la derecha o la izquierda, lo hace por intuición, lógica, orientación—… pero nunca como un tom tom ―! no, por favor!—.

Existe un yo que siempre persiste en el regreso de esos pensamientos torturadores… contradictorios, ilógicos; el otro que ande hacía adelante, que compare con otras formas de estar, de vivir, que siga investigando en aquello en lo que uno mismo es, y por lo tanto, volver al lugar de donde partiste, y del cual vuelves a la insistencia de perseguir aquellos sueños rotos por el tiempo y las ilusiones. Querer olvidar, para poder dejar de sentir, pero a la vez seguir viviendo. Cuando sales, o entras, es difícil volver, o salir, aunque aquellos vínculos que te unían a ese pensamiento siga esperando tú regreso… o tú llegada —“en una insistencia a la resistencia misma”—. Existe una relación entre estos y la libertad, estoy seguro de que así es, la paz interior, la liberación de estar donde uno debe, sin complicaciones, o con ellas a cuestas. Nunca aprendí como se hace, ni una cosa ni la otra; ―y no sé si quiero―; existe un lugar donde surgen y se ordenan las ideas, las experiencias, los sentidos y pensamientos sin sentidos, los sonidos, aromas, palabras; fuera de esto solo quiero guiarme por las estrellas, ―seguir siendo un nómada―, y no quedarme en el mismo lugar demasiado tiempo, seguir buscando para poder volar sobre ellos, —los pensamiento— sin tropezar, y poder así, sentarme y encontrarme a mi mismo a través de lo escrito, lo vivido, lo aprendido, lo grabado en la memoria, en el corazón, en el alma y, así poder volver a retomar el vuelo de una forma segura, entre las corrientes de aíre, las nubes, los acantilados, los horizontes a los que nunca llegué, porque son eso, horizontes que marcan la línea divisoria entre el ayer y el hoy, entre la realidad y la ficción; entre el yo y el mismo horizonte.

Los lugares están bajo las nubes, ahí, en una zona neutra, pero de expansión “línea no divisoria”. Es un lugar donde no hay que buscarse ­ — “porque realmente está en uno mismo” —.

Con tan solo una mirada confluyo en la salida del día, en pensamientos que corren fuera de mi alcance existencial, en la oquedad de los silencios que quedan vacíos en voces que griten el —¡basta de cada día!—. De los horrores del suicidio social, del miedo a esas finas líneas entre el ayer y el hoy y el instante que cae vertiginosamente junto con aquellos que un día nos hicieron salir de nuestros refugios en busca de libertad, de vida.

—Alguien me dijo una vez que los peces tienen una memoria de tres segundos— ¡como les envidio! Pero por otro lado, siento que no debo olvidar, porque olvidar es morir, es quitarle sentido a lo vivido, quedarte sin aíre, sin la esencia de lo que uno es, ser. De lo que se llegó a amar y aún se ama. Nadie quiere recordar el dolor, nadie quiere revivir lo malo, al menos, queda el intento de olvidar, sin terminar nunca de borrar. Todo queda grabado en el corazón, en el alma, de una forma u otra… proseguimos y seguimos, en esos pensamientos inagotables, que intento convertir en creativos, en historias mágicas, sueños, esperanzas, vida… convertirlos en algo que no destruya, y que me aliente y alimente a su vez, para poder seguir escribiendo y, sobreviviendo.

Juan Manuel Álvarez Romero © 201

Publicado por Juan Manuel Álvarez Romero

Juan Manuel Álvarez Romero (Sevilla 1965). Mané, puede pasar de una poética simbolista al caos más absoluto sin perder su esencia, su huella más profunda. Roberto Matta. A cerca de Juan Manuel Alvarez Romero, Mané .- Sevilla 1965 La originalidad de Mané ha sido, y es, en ocasiones, comparable a las expresiones inventivas de Marcel Duchamp y a la ingeniosidad presente en la obra de Roberto Matta, al ser capaz de adoptar una iconografía y el uso de unos materiales que rompen de una manera directa y por el manejo novedoso de materiales experimentales. A mediados de la década del 80, Mané reacciona contra el aspecto rígido y el exceso académico y rechaza la idea de trabajar con formas programadas. En compañía del colectivo Más-Gráfica comienza a explorar las nuevas posibilidades de la escultura, utilizando materiales blandos, debido a su flexibilidad y flacidez encuentra un concepto efímero y con ello nuevas posibilidades plásticas. En 1986 conoce a Roberto Matta, y también trabaja con el director de teatro y intelectual de conceptos escénicos Maikel Mezquel y lleva a cabo sus primeras esculturas móviles, un año después realiza esculturas de gran formato. La escultora le confiere a Mané, una capacidad de autotransformación que no está relacionada con la manera tradicional de manipular los materiales para obtener un objeto escultórico. La forma final y definitiva se convierte en una búsqueda de la antiforma, entendido como proceso que no contiene en sí mismo un cierre definitivo, previamente determinado por el escultor, sino que la naturaleza plástica y transformable de los propios materiales, irá alterando, mediante sus características estructurales, combinadas con el efecto del azar, el grado de modificación autónoma que habrá de sufrir el propio objeto escultórico. Es decir, el artista propiciará procesos de descomposición y recomposición de los materiales, inducidos por la naturaleza y la estructura -deformable y transformable- presente en los materiales mismos. Este interés en salvaguardar una dimensión, donde el cambio y la modificación de la forma se vuelvan en cierto sentido autónomas, la llevará a utilizar en su trabajo, materiales sumamente manejables manualmente, como la fibra de vidrio, la escayola engomada etc, y una gran variedad de elementos efímeros con los que logra expresar un nuevo sentido de la masa escultórica, a través de una valoración novedosa de la línea, la forma la textura y el color, que harán de su trabajo una expresión original y totalmente inédita. En la década de los noventa deja a un lado la escultura y se centra en la obra gráfica y pictórica, intercalando en ocasiones con la escultura, pero en este caso buscando la impronta del material para localizar figuras, rostros trabajándolos directamente sobre el material, escayola en su mayor parte, aunque también con materiales reciclados. Desde 2000 trabaja en el campo de la creación plástica como parte de un proceso crítico y reflexivo sobre el ser humano, desarrollando proyectos expositivos y visuales que ponen valor a la historia de las migraciones y el movimiento del ser humano por el mar y la tierra desde sus orígenes hasta nuestros días. bonart Mané (Juan Manuel Álvarez Romero), pintor, escultor, escritor y divulgador de la cultura tartésica, presenta On the air en la Galería Arte en Bruto, Corte Real, 3 de Girona, del 18 de marzo al 28 de abril de 2017. Como el mismo artista explica: “La ficción amable de las” otras figuras “se suceden en estos tiempos convulsos, en el que la catástrofe humana se ha vuelto más siniestra al hacerse aparentemente soportable, un contexto bien presente en las pinturas de “Mané” donde se adentran en una selva de visiones. La huella del tiempo y del dolor denunciable. Sentir el estremecimiento del mundo. El vértigo de la tierra húmeda. La intensidad del movimiento sacudido por el oleaje. La observación de la tierra firme desde un barco a la deriva. La belleza del azul como un gran refugio en su reproducción infinita. Figuras que construyen un hilo de comunicación y que se sostienen en el aire de un universo inestable dominado por los cuatro elementos “sublunar”, y que abandonan su estado para establecer un diálogo armónico y en ocasiones conflictivo donde conviven con multitud de cosas. Se trata de imaginar un nuevo tipo de figuras en movimiento sostenidas en el aire. Figuras desnudas a las que no les resulta sencillo escapar del color, la forma y la textura, señalando ritmos donde resultan imposibles y rompiéndose cuando parece necesario. Para “Mané”, el reto consiste en trasformar la realidad y conceptualizarla desde un ojo crítico. Ir desde el símbolo más sencillo y puro al complejo, convirtiéndolo en imagen los espacios infinitos creando una apertura libre a la imaginación. La vuelta a la realidad queda en un plano de percepción diferente. Es este prorcès de tráfico donde el color juega una parte fundamental de la transformación que está presente en todas las obras. Una visión ancestral del ser humano desde el negro del trazo “carbón extraído del fuego”. El rojo, “extraído de la sangre del sacrificio”, o el pigmento como “esencia de la roca”. Desde un punto de vista más místico podría interpretarse como la mirada innata del ser “en el aire” convertido y mutado en nuestra era. Cómo encontrar la magia tal y como la sentimos, incrédulos de lo que ocurre ante nuestros ojos y devolver a la visión inocente de un niño? Podríamos elevar los símbolos en el aire, removerlos con un pincel una y otra vez hasta llegar a lo que es: una huella o impronta de nosotros mismos. O bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y en otras ocasiones creados por el propio ser humano, por quien sabe, si el afán de reencontrar los primeros síntomas de su propio lenguaje. La primera imagen creada por el hombre en cuanto sólo poseía carbón y sangre para poder comunicarse para dejar constancia de su existencia y de su pensamiento en la tierra. ” O bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y en otras ocasiones creados por el propio ser humano, por quien sabe, si el afán de reencontrar los primeros síntomas de su propio lenguaje. La primera imagen creada por el hombre en cuanto sólo poseía carbón y sangre para poder comunicarse para dejar constancia de su existencia y de su pensamiento en la tierra. ” O bien encontrar la huella del hombre en las figuras en movimiento, en expansión hacia una humanidad libre de códigos en forma de nuevos símbolos impuestos a veces y en otras ocasiones creados por el propio ser humano, por quien sabe, si el afán de reencontrar los primeros síntomas de su propio lenguaje. La primera imagen creada por el hombre en cuanto sólo poseía carbón y sangre para poder comunicarse para dejar constancia de su existencia y de su pensamiento en la tierra. ” Autor de artículos, dos novelas, El hijo de las costureras, Eco de una memoria y un poemario, Errante.

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