Simbolismo, realidad y ficción.-

El hombre no mediático que leía a Peter Handke, De Edgar Borges.

El paso de la tierra al cielo se efectúa por la puerta del sol, que simboliza la salida del cosmos, más allá de la condición individual. 
Chevalier-Gheerbrandt,

Nos embarcamos en mundos paralelos, en mundos sumidos de soledades, unas creativas y otras existenciales, en las que poco a poco pasamos de la realidad a la ficción, o viceversa. Nos involucramos con lo externo, pero sobre todo en lo interno, donde solemos pasar el mayor tiempo de nuestra existencia. El sacarle partido, buscarle sentido y encontrar la libertad en estas soledades  sin llegar al aislamiento en las que nos pasamos otra gran parte de nuestra existencia. 
En otras ocasiones como las que encontramos en la novela de Edgar Borges “El hombre no mediático que leía a Peter Handke”, es una de esas ocasiones de soledades, por la que transitan personas tan especiales como sus dos hijas, Miranda y Camila  y su compañera Nathali, cómplices las tres del aislamiento creativo de Edgar, el protagonista, convirtiendo ese aislamiento,  “sin alejarse del apartamento donde convive casi invisible, ausente, creándose un mundo personal insólito, surrealista a veces y otras al borde de la locura, pero curioso para los suyos que lo observan y admiran, transmitiéndole su solidaridad en su mundo solitario, aislado, en un apartamento donde las sombras se cruzan una con otras, donde la respiración de todos suena tras las puertas tan solo con quererlas oír; aun así, Edgar ―el protagonista― desaparece de la realidad para sumergirse en una investigación que le lleva a otros mundo, lugares, personas, dudas de constantes peguntas y hallazgos en el mundo de Peter Handke, en un viaje onírico y metafórico al mundo, desde su escritorio, y un armario repleto de la bibliografía sobre Peter Handke, apuntes, notas, informes y recortes de prensa; como un buen detective,  desde donde se redescubre a sí mismo desde las puertas que se abren y se cierran tras él, caminando como un fantasma por el pasillo de los dormitorios, que se convierten en escenas de abismos, ciudades, calles, paisajes, mientra busca algo que beber en la cocina, soñando, reviviendo, tras las ventanas que se abren al exterior, al mundo que decide dejar en este autismo voluntario, pero que a la vez lo reconoce como parte de su pasado, y se descubre como un tiempo vivido en su niñez.
Transita por treinta y dos puertas, treinta y dos ya es un numero, y como numero ―“mágico”―  las puertas representa una escenografía mediática, simbólica, que lo lleva al avance de la investigación una tras otra ―“como las puertas de Aristofanes donde las puertas y la casa forman una utopia en sus escenografías y sus obras”―.
Podríamos hablar de una obsesión, pero también de una constante entre el día a día de un escritor, un periodista y un ser humano en busca de respuestas dentro de una  investigación, ―y como investigación ―, sin descanso, sin horarios, sin comunicación con lo externo, sin mundos que le impida concluirla… así es la vida de la literatura, de la creación, después la culminación… como un orgasmo vital y existencial.
En el libro de las puertas, Mitología egipcia; se describe el viaje del sol (Ra), del rey identificado con rey del sol, o del rey junto a Ra por el inframundo. La concepción del inframundo de los egipcios incluye numerosas puertas que aquellos deben atravesar durante su viaje nocturno hasta renacer con el amanecer.

en este caso es el protagonista quien va surcando, atravesando estos mundos, puertas imaginarias que se transforman en pasos importantes en el transcurso  de sus hallazgos, sus descubrimientos sobre el mundo de Peter Handke ― , ― el protagonista Edgar ― como Ulises en su largo viaje, e imparable viaje hasta su regreso con  Penélope, “― Nathali, Miranda y Camila ―” pero también al descubrimiento del segundo protagonista del libro ―Peter Handke―.
El reloj  simboliza el tiempo ausente de la realidad, donde la mirada se desvanece no en la pared, si no en el péndulo que marca el movimiento y el proceso de los pensamientos que buscan contactos momentáneos con la realidad que le rodea.
Como maestro que seguirá siendo siempre, como también amigo y persona, Edgar a sabido llevarme de nuevo, después de quien mató a mi madre, la contemplación, crónicas de bar, a mundos donde la imaginación aplasta al poder, a ese poder que aplasta todo atisbo de creatividad en estos tiempos en los que es tan importante no dejar que esta, ― La creatividad, con mayúsculas ―,  muera, que se alce en novelas como esta, y que ayuden a demostrar que la literatura está viva y en buenas manos, como las de Edgar Borges.
La palabra sigue en evolución.

Juan Manuel Álvarez Romero. Escritor  2012-06-19

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