LA ESPERA

Entro sigilosamente a la habitación hasta lograr sentarme en mi sillón de lecturas y viajes, frente a la gran ventana que da a la terraza y, por la que entra una maravillosa luz limpia, junto al aíre perfumado con olores a fragancias, plantas y paisajes lejanos de oriente; todo envuelto en una hermosa armonía mágica, luz, aíre son portadores de mensajes de tú existencia.
Al respirar esta luz cegadora pero hermosa, sin dolor, sin quemar la vista me dejo llevar por las formas que proyecta en las paredes lisas y blancas.
La luz etérea y silenciosa me trae imágenes de tus paisajes que se dibujan ahí, frente a mí, surgiendo puntos de fugas formando planos lisos pero con texturas maravillosas que me recuerdan a mágicos bosque de árboles tan antiguos como la humanidad.
Frente a esta pared de belleza incalculables, y sus imágenes que me llenan de paz y amor hacia ti, aparece otras formas más parecidas a valles o mares, en los que aparecen formas que bien podrían ser barcos o casas degradadas por los grises más bellos que jamás vi. Al fondo, a la derecha de un zurdo, puedo percibir la silueta de una hermosa luna cuando y de pronto escucho una voz dulce que me recita al oído…

“Mi luna está mora… las estrellas casi entran a mi escritorio, el aíre respira del azahar y me trae tú aroma a la mesa… las palabras surgen del silencio que el mar se niega asumir… esta noche en especial vuelo en perfumes, estrellas y lunas junto a ti…”

El techo plano, liso, sin bultos que le declaren imperfecto, me evoca a tú universo, me avisa de tus estrellas y planetas que te protegen y cuidan en tú camino desde tú infancia; la luz que penetra por la ventana se va degradando en oscuridad hasta llegar a la altura de mi cabeza, mientras que por su recorrido me llegan noticias de galaxias enteras y repletas de vidas que no llaman ya la atención de mis sentidos.
Una voz sin voz me dice al oído, quédate y, una luz sin luz me envuelve sin cubrir del todo y, una música sin notas me trae tú imagen de princesa, mirándome con la dulzura de un ángel.
Y allí, en silencio permanezco esperándote desde hace ya toda una vida, con la certeza de que acabaras por llegar en cualquier momento.
A Vanessa Torres Mayorga
2011© Juan Manuel Álvarez Romero

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