
Mané Juan Manuel Alvarez Romero, nació en Sevilla en 1965 y pasó su infancia en el entorno del Alcázar, un lugar donde el contacto con restauradores, tallistas y artesanos le enseñó la importancia de los oficios y la paciencia del detalle. Allí aprendió a observar, a detenerse en lo que otros desprecian como accesorio, y a entender que el arte no surge como espectáculo, sino como consecuencia natural de mirar y trabajar sin descanso. Posteriormente se formó en la Escuela de Artes y Oficios, y asistió como oyente a clases de la Facultad de Bellas Artes. Esa formación, sin dogmas estrictos, le permitió asimilar lo académico sin perder una relación directa con lo material.
Desde muy temprano estableció un método personal: el dibujo como estructura, el color como acompañamiento, la composición como lugar sin huecos, sin zonas muertas. El horror vacui de sus obras no es una concesión estilística sino una necesidad: llenar de signos y conexiones un espacio que para él es siempre terreno vivo. La fuente principal de ese vocabulario son las culturas mediterráneas, sobre todo tartessos y fenicios, cuyo legado estudió a través de estelas, cerámicas, inscripciones en piedra. Ese contacto con lo primitivo alimenta un lenguaje plástico que no se limita a citar, sino que construye una gramática. Sus símbolos no evocan solo pasado, sino que se transforman en herramientas para pensar el presente y proyectar en él las tensiones de la memoria.
Su biografía incluye una etapa de más de una década en Galicia, en Ares, donde el mar y el monte marcaron sus ritmos de trabajo. Allí impulsó esculturas públicas, series ligadas a la naturaleza y hasta iniciativas de defensa del bosque frente a la expansión de eucaliptos, entendiendo el arte no como pieza de museo, sino como práctica conectada con la vida común. Esa experiencia consolidó una visión austera y directa, que rechaza la ornamentación gratuita y se compromete con lo que le rodea.
En 2024 se instala en Cumbres Mayores, en la Sierra de Huelva, para levantar un laboratorio de arte. El lugar funciona como taller abierto y como espacio de encuentro: allí conviven las piezas en proceso, los cuadernos de trabajo y las conversaciones con quienes se acercan. No hay solemnidad ni pretensión, sino constancia y método: series que dialogan entre sí, revisiones continuas, ejercicios diarios que nunca se dan por cerrados.
Su manera de trabajar está marcada por una tensión constante entre gesto y control: la mano actúa con rapidez, como si el signo reclamara salir de inmediato, pero la reflexión posterior ordena, depura, ajusta. De esa dinámica surgen contradicciones —el deseo de precisión frente a la urgencia del trazo, la memoria antigua frente al pulso contemporáneo— que son parte esencial de su evolución. No busca rupturas teatrales ni reinvenciones forzadas, sino una continuidad exigente, en la que cada serie abre preguntas nuevas y refuerza su compromiso con lo esencial.
En sus palabras y en su actitud se percibe un respeto profundo por los orígenes y una conciencia de pertenencia a una tradición que no necesita etiquetas. Su identidad no se construye en frases publicitarias, sino en la constancia de un trabajo diario, silencioso y riguroso, que pone en primer plano lo humano frente a lo accesorio. En esa fidelidad a lo pequeño y a lo cercano reside gran parte de la fuerza de su obra.
Mané #JuanManuelÁlvarezRomero #ArteContemporáneo #ArteSevilla #ArteGalicia #CiudadesImaginadas #ArteMediterráneo #CumbresMayores #LaboratorioDeArte #ArteActual #creasevilla #sinfluencias #jesusmoreno
Editor Jesus Moreno

ValdelArte, Centro de Arte y Naturaleza. 





























































